9 de abril de 1948 en Colombia, la historia para no repetir.


“Quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. La frase se atribuye tanto al francés Napoleón Bonaparte, como al filósofo español Jorge Santayana. En realidad, su autor por ahora no importa, su sentido es lo relevante. Es sencillo, si algo nos perjudica como individuos, sociedad, nación o mundo, hay que evitarlo. La guerra y la violencia por ejemplo, donde nadie es ganador y sólo dejan muertes y heridas, físicas y emocionales, difíciles de superar.

El 9 de abril de 1948 en Colombia, marcó un hito en su historia. El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán Ayala desató en la capital, Bogotá, una verdadera situación, se podría decir sin exagerar, de pérdida de consciencia colectiva, en la cual sus seguidores, decepcionados y descontrolados ante la muerte de aquel en quien habían depositado sus esperanzas por un mejor mañana, solamente hallaron sosiego destruyendo la ciudad.  Gaitán había nacido allí mismo en 1902, en el popular barrio de Las Cruces. Era hijo de un comerciante, Eliécer Gaitán Otálora y una maestra de escuela, Manuela Ayala.

Jorge Eliécer Gaitán - imagen biografiasyvidas.com

A su inquietud intelectual se unía su pasión por la política en la búsqueda de igualdad y justicia social, propugnando para ello la “restauración moral de la República”, siendo ésta una de sus frases típicas en sus últimos años. Con esfuerzo concluyó sus estudios básicos, se graduó como abogado de la Universidad Nacional en 1924, y doctor en jurisprudencia de la Real Universidad de Roma en 1928. Fue innegable en su personalidad, la vehemencia y cualidad como orador. Aún como estudiante, formó la sociedad literaria Rubén Darío y el Centro Liberal Universitario, y apenas al concluir su carrera universitaria salió elegido en la Asamblea de Cundinamarca 1924-1925.

Representante a la Cámara en 1928, presidente de la misma en 1931 y ocupó luego  la Dirección Nacional Liberal, fue segundo designado a la presidencia y Rector de la Universidad Libre. Logros estos debidos en parte al reconocimiento y figuración a nivel nacional por su participación y defensa que como abogado hizo de los derechos de los trabajadores de la United Fruit, asesinados muchos de ellos el 6 de diciembre de 1928 en Cienega, Magdalena, durante el llamado conflicto de las bananeras.

Con un ideario como liberal reformista, inconforme incluso con los programas sociales del presidente liberal Enrique Olaya Herrera, se separó del partido en octubre de 1933 y junto a Carlos Arango Vélez, formó la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR). Planteada en ese entonces como lo que podría ser una tercera opción política, es decir por fuera del bipartidismo, la UNIR no logró consolidar en la realidad la plataforma ambiciosa que pretendía y fue disuelta sin embargo, por el propio Gaitán en mayo de 1935.

Ya de nuevo en el liberalismo oficial, fue nombrado alcalde de Bogotá en 1936, magistrado de la Corte Suprema de Justicia en 1939 y ministro de educación  del presidente Eduardo Santos. Allí estructuró un novedoso programa para terminar el analfabetismo en Colombia y proponía masificar la educación y la cultura hacia los niveles populares, en un ambiente que aún en la primera mitad del siglo XX, conservaba prácticas de exclusión social.

Sus encuentros o disertaciones que realizaba los viernes en el Teatro Municipal de Bogotá, casi que institucionalizaron en el país los llamados “viernes culturales”. Era un orador especial, en la manera de expresar su pensamiento hacía llegar su mensaje al auditorio como él mismo  lo sentía. Se compenetraba con la población común al experimentar su diario vivir, sus anhelos, sus esperanzas al futuro. Hacía una clara distinción entre la clase popular y los políticos tradicionales de su época, hablando que en la nación existía un país político y un país nacional. El primero ocupado de su propio bienestar y el segundo, un pueblo con sufrimiento y exclusión, apartado de las posibilidades de un mejor presente. “Yo no soy un hombre, soy un pueblo, y el pueblo es mayor que sus dirigentes”. Su forma de vida era coherente con su discurso. Se conoció su afición al juego del tejo que practicaba los sábados en el “Campo Villamil”, al norte de Bogotá.
Gaitán jugando tejo. Foto Colprensa
 En adelante su meta fue llegar a la presidencia de Colombia. Para las elecciones de 1946 había formado el Movimiento Liberal Gaitanista. Los resultados, aunque negativos electoralmente, le mostraron no obstante las inmensas posibilidades y de aceptación que ya poseía, y fue nombrado jefe único del partido liberal. De otra parte, había regiones como los santanderes, occidente de Boyacá, y Caldas, en donde la represión y la “violencia partidista” se sentían cada vez más. Él se limitaba a denunciar y pedir que ésta cesara y que las diferencias se resolvieran como lo contemplaba la misma constitución política, o diríamos, por medios más civilizados.
En julio de 1947 convocó la “marcha de las antorchas” que salió desde La Perseverancia, barrio popular, hasta el centro de Bogotá, y el 7 de febrero de 1948, la  “marcha del silencio”. En esta última Gaitán pronunció la “oración por la paz” que comenzaba con la siguiente frase: Bajo el peso de una honda emoción me dirijo a vuestra excelencia, interpretando el querer y la voluntad de esta inmensa multitud que esconde su ardiente corazón, lacerado por tanta injusticia, bajo un silencio clamoroso, para pedir que haya paz y piedad para la patria. Poco después en Manizales pronunció la “Oración por los humildes”.
Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado el viernes 9 de abril de 1948 en el centro de Bogotá. Pasada la una de la tarde fue atacado sorpresivamente al salir de su oficina particular ubicada en el edificio Agustín Nieto sobre la carrera 7 con avenida Jiménez. Juan Roa Sierra, el autor material, murió incluso antes que el líder expirará en la Clínica Central, a pocas cuadras de allí. El atacante fue detenido por el dragoneante de la policía Carlos Jiménez, quitándole el revólver 38 largo que había utilizado,  pero el ímpetu de la gente que lo cercó golpeando al homicida, le impidió hacer más y minutos después  Roa Sierra era prácticamente descuartizado.
Paradójicamente ahora esta versión sobre Roa Sierra como el agresor es puesta en duda incluso ya entrado el siglo XXI. Si Gaitán recibió cuatro impactos de bala, es posible que hayan sido hasta dos los atacantes. Sin embargo, con la muerte  del principal sospechoso, y la destrucción que se vivió en la ciudad en esos momentos, toda evidencia o vestigio de investigación parece haber desaparecido también. ¿Quién o quiénes y porqué razones en realidad decidieron dar muerte al líder?, tienden a ser más interrogantes para la historia.
Aún así, al recordar a Jorge Eliécer Gaitán no se trata sólo de exaltar su personalidad, que bien lo merece. Se busca llamar la atención sobre el hecho de la violencia misma y que en este caso, sufrió Colombia en un periodo en particular de discurrir histórico. Este país padeció la ocurrencia de al menos siete guerras  civiles a lo largo del siglo XIX, tras su independencia como colonia, y al llegar al siglo XX, estaba precisamente en desarrollo la última de tales contiendas, la llamada “Guerra de los mil días” que como consecuencia puntual trajo la pérdida de Panamá, al lado por supuesto de las pérdidas humanas en cada una de ellas.
Con el “Bogotazo” y la destrucción sobre todo del centro de Bogotá tras la muerte de Gaitán, Colombia cambió. Se recrudeció la confrontación partidista en lo que se recuerda como “La Violencia”,  tan cruel y a nivel nacional en largos años que aún sufrimos las consecuencias hoy en 2015. Con el “Bogotazo”, se generalizó la intolerancia política principalmente en las zonas rurales, razón por la cual se afianzó la migración a las principales ciudades.  Colombia dejó de ser rural, pero allí en el campo quedó la pobreza y el descontento que en casos fueron los causantes de la subversión armada.  
La violencia sólo genera peor violencia. En el mundo de hoy, la guerra ya no tiene argumento, sea político, filosófico, económico o de cualquier orden. Repetirla no tiene razón.

Fernando Díaz Gómez, 9 de abril de 2015.

Fuentes básicas de consulta: Herbert Braun,  Mataron a Gaitán, publicada originalmente por la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos en 1985.  Arturo Alape, El Bogotazo. Memorias del olvido, Bogotá, Círculo de Lectores, 1985.Jacques Aprile Gniset, El impacto del 9 de abril sobre el centro de Bogotá, Bogotá, Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán, 1983. Biografiasyvidas.com: Jorge Eliécer Gaitán
Créditos  imágenes:
Jorge Eliécer Gaitánhttp://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/gaitan.htm
Gaitán jugando tejo: Colprensa.