Los tejidos en lana y algodón representan uno de los oficios de mayor tradición para los izanos. Su origen se atribuye a un legado de Bochica, el dios civilizador del pueblo Muisca.
Así, incluso antes de la presencia colonial española, en el pueblo y en todo Boyacá, su gente se destacó como excelentes tejedores de mantas en algodón, las cuales eran objeto preferido como presentes a los caciques y jeques.
Durante el pasado siglo XX, y ya combinando el algodón nativo con la lana de
las ovejas traídas por los europeos, la actividad ocupó un renglón importante
en la economía local. Las cobijas de Iza se vendían en los mercados cercanos de
Sogamoso, en Bogotá y también en otras regiones de Colombia, en el Tolima, en
Antioquia y en especial en la zona cafetera, donde se utilizaban para aligerar
el proceso de secado del grano, dada la cualidad térmica de las mismas.
En Iza esta tradición y el oficio aprendido no se pierden con el tiempo. Se crean diseños y se retoman las prácticas artesanales amigables del Medio Ambiente, por ejemplo al utilizar tinturas de origen vegetal, y al emplear las técnicas de telares ancestrales que no generan contaminación.
Los actuales tejedores se preocupan por ofrecer variedad sin perder la autenticidad de sus productos, como una ocupación alterna de la llamada "Economía Naranja".
Dayana Angulo - Tejidos Rebancá |
Dayana Angulo - Tejidos Rebancá |
Dayana Angulo - Tejidos Rebancá |
Dayana Angulo - Tejidos Rebancá |
![]() |
Dayana Angulo - Tejidos Rebancá |
---
En esta región de Boyacá, entre los saberes podría decirse, ancestrales,
está la construcción de casas en adobe, bahareque o tapia pisada, con cubiertas
de paja. Un estilo heredado por supuesto de nuestros antepasados indígenas,
pero ya casi extinguido.
Estaba, por la misma razón, muy ligado a los recursos que ofrecía la naturaleza, pues básicamente se utilizaba además del barro y de la vegetación circundante, la piedra como refuerzo de bases y muros, junto con algunas maderas en el soporte de su estructura.
Fue en esencia el estilo de construcción que hallaron los españoles a su arribo por estas tierras en el siglo XVI. Las llamaban “bohíos” o sencillamente “casas”. Adoptaron el estilo y poco a poco introdujeron modificaciones precisamente como la llamada “teja española”, que curiosamente aún subsiste. Junto a éste, el otro cambio visible fue la variación del esquema rectangular en reemplazo del circular que las caracterizó inicialmente.
Hoy en día cuando nos encontramos con casas así, casi originales con sus techumbres de paja, no dejan de causarnos admiración y hasta nostalgia. A veces “escondidas” entre bosques de eucaliptos, aún en pie, evidencian su resistencia y en cierta manera nos “hablan” de un pasado que puede superar los cien años. Historias familiares parecen querernos contar.
Las Casas de Adobe
P |
or su propia condición histórica, la arquitectura en tierra constituye en realidad una categoría dentro del Patrimonio Cultural, no sólo de Colombia, sino a nivel universal. El barro, la madera, los elementos naturales fueron los primeros que sirvieron al ser humano para construir su refugio, su hogar en las difíciles condiciones de los primeros intentos por volverse sedentario, y por lo tanto está asociada al inicio de los centros urbanos, de las ciudades. Es todo un tema para abordar tanto en la perspectiva social, como técnica y hasta artística.
Luego de la declaratoria de Iza como Bien Cultural, en 2002, la
arquitecta Mariana Patiño Osorio, especializada en Patrimonio Cultural,
dirigió un proyecto de investigación que culminó con la publicación en el año
2006, del libro Las Casas de Adobe. Iza, Boyacá. El trabajo se dio por el
convenio de la Corporación Patrimonio Urbano Colombiano, la Alcaldía de Iza y
la Universidad Piloto de Colombia. Desde esta universidad, encabezados por el
profesor Rubén Hernández Molina, se trasladó un grupo de último semestre
de la Carrera de Arquitectura con quienes se hizo buena parte en cuanto a
levantamiento de planos, análisis de estructuras y toma de fotografía, entre
otros.
Ese libro marcó un derrotero en la docencia de la arquitectura y la investigación
sobre las edificaciones en tierra en
Colombia y en otros países, pues como se dijo, esta clase de construcción está
presente en la historia universal.
Aun así, en no pocos casos, sobre todo en los antiguos centros urbanos,
estas construcciones simplemente se derribaron para dar paso a gigantescas
moles de nuevos materiales constructivos. Donde se conservaron, sin embargo, se
han hecho parte de la identidad local, pues allí se representa su historia, el
recuerdo de sus antepasados.
En nuestro país es cada vez mayor el interés en el tema y surgen
experiencias y proyectos que tiene como fin ya no sólo valorar las
construcciones en adobe y tapia, sino propender por su cuidado y conservación. Así,
encontramos el pasado año 2019 el estudio titulado Evaluación e Intervención de Edificaciones
Patrimoniales de uno y dos pisos de Adobe y Tapia Pisada, una publicación
conjunta del Ministerio de Cultura, el
Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, la Universidad de los Andes y la
Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica. El objetivo básico es la atención
y el reforzamiento de estas edificaciones frente al riesgo sísmico, del cual
ningún lugar de la tierra está exento.
La pertinencia del trabajo no necesita explicarse. Revisando la historia de Colombia, se tiene por ejemplo los grandes daños que produjo el “Terremoto de Popayán” del año 1983 y que alcanzó los 5.5 grados en la escala Richter. El Centro Histórico de la ciudad fue el más afectado, caracterizado precisamente por la gran cantidad de edificaciones en adobe y tapia pisada, las iglesias del tiempo de la Colonia, pero también por casas típicas, museos y otros representativos y orgullo del Cauca y de la nación. De hecho, el estudio pasó a formar parte del Reglamento Colombiano de Construcciones Sismo Resistentes NSR- 10. Decreto 2113 de 25 de noviembre de 2019, del Ministerio de Vivienda Ciudad y Territorio
Imágenes Fundación Nido Verde. Texto: Fernando Díaz Gómez. 7/10/2020